El convidado de piedra :: Recordando a Pepín Bello
Lorca se hace el muerto en su habitación de la Residencia. Pepín Bello interpreta a una plañidera. Al fondo se proyecta la imagen deunas velas encendidas, pero retorcidas, como blandas. Aparece Buñuel vestido de boxeador.
BUÑUEL.- Siento llegar tarde.
BELLO.- Demasiado tarde.
BUÑUEL.- ¿El poeta…?
BELLO.- Sí. Lamentó mucho no poder despedirse.
BUÑUEL.- Estaba en la terraza dando unos golpes. Nadie me avisó.
BELLO.- Como diría el poeta: El cuerpo siempre traiciona al alma.
BUÑUEL.- En fin, al menos podré llorar su muerte.
BELLO.- Durante toda tu vida.
Aparece Dalí vestido a la moda de los modernistas. Se queda parado, rígido, al ver la escena.
DALÍ.- Perdón. Lo siento.
BUÑUEL.- Pase, pase. Al poeta siempre le gustaron las multitudes.
DALÍ.- ¿Qué ha sucedido?
BELLO.- Un ataque funesto… de lirismo.
BUÑUEL.- Sí. Algo terrible, se le quedó atragantada una metáfora.
DALÍ.- No entiendo.
BUÑUEL.- Usted es nuevo en la Residencia.
DALÍ.- Acabo de llegar.
BELLO.- ¿Polaco?
DALÍ.- Pero… ¿está muerto?
BUÑUEL.- Hasta nueva resurrección, sí.
BELLO.- Es un muerto crónico. Nunca deja de morirse.
Buñuel y Pepín lloran al unísono hasta callar en un mismo gran suspiro. Silencio. Lorca se incorporta y toca una campañilla.
LORCA.- Ha pasado un ángel.
Pepín Bello dispara una imaginaria escopeta: “¡Pum!” Caen plumas sobre Buñuel. Lorca se queda prendado de Dalí.
Corrijo. Un ángel se ha instalado aquí. Federico García Lorca, domador de palabras.
DALÍ.- Sal…, Salvador.
BELLO.- Y que lo digas. Resucitas a los muertos.
BUÑUEL.- ¿Te has fijado en su indumentaria?
BELLO.- Éste, o está loco o es un genio.
DALÍ.- Am…, ambas cosas.
Lorca coge una gran caracola y se la ofrece como recipiente a Dalí.
LORCA.- Tengo una manzanilla que es gloria Dei. Brindemos por el comienzo de una nueva gran amistad.
BUÑUEL.- Por eso.
BELLO.- Por el polaco modernista.
DALÍ.- Yo… no bebo.
BUÑUEL.- Hombre, eso siempre se puede arreglar.
Trueno.
Oscuro.
Alfonso Plou y Teatro del Temple, “Buñuel, Lorca y Dalí”