Javier Bardem visto por Paco Obrer

Detrás de ese gran actor que es Javier Bardem se esconden cuatro generaciones de cómicos y actores bien trabajados, de profesionales excelentes de la vieja Europa. Javier pertenece a la estipe de arquetipos que viajan en tartana y beben vino.

Javier Bardem ha tenido que pasar por ser un íncubo para llegar a donde está y así poder desarrollar otros músculos en la pantalla. Un poco dionisíaco y un poco príapo sí que resulta este españolito con pedigrí rojo.

Hasta el siglo pasado, a los cómicos se los trataba como a perros. Los actores dormían fuera de las posadas y eran una especie de apestados. Bardem fue macho anónimo antes de que Bigas lo descubriera en su Jamón-jamón, aquella película que sirvió para exportar ibérico en tiempos de la peste porcina y otras conjuras antiespañolas. Javier no se quedó en producto de la tierra y su papel, de mano de la rosa nube, lo ha elevao al Olimpo de la cinematografía: ese lugar hortera, esa fábrica de aromas y hormonas que es Hollywood.

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Ahora se meten mucho con esta saga de actores (a los que llaman titiriteros) que han tomado el poder en esta especie de dos de mayo permanente que sucede en España cada vez que un gobierno se hace impopular. yo creo que Bardem es el mástil de una bendera que lleva el pueblo en jornadas prerrevolucionarias. Cuando emerge el populismo ilustrado los actores disputan el poder a esos otros actores predadores que son los políticos en el poder.

Paco Obrer, “El jamón ibérico y el joven Bardem” (extracto), del libro “Vanitas vanitaits, sátiras del poder y la fama”

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