Viernes Santo. Algo después de las 12:00 h. Calanda vestida de morado.
Los tambores siguen repicando. Suena la Marcha palillera. Desde la carretera, Luis Buñuel toca el tambor. Preside desde ahí la celebérrima celebración que emociona a creyentes y a ateos. Mira a la calle Ramón y Cajal, donde comienza a sonar, sólo con bombos y tambores, El gato montés. Emma Penella, nieta del autor, mira al frente. Se acerca Francisco Rabal silvando trajeado, encorbatado, con sombrero y los zapatos limpios, brillantes. José Álvarez, Juncal, matador de toros. Se acerca y, viendo el gesto de disconformidad de la mujer de su vida, le tapa la boca con el dedo índice; le agarra y comienza a bailar con ella. Pese a no saber bailar. Todo por la mujer a la que ama.
Luis Buñuel, desde la carretera, sonríe.