Debate por Teruel
Ayer se celebró en la televisión pública aragonesa el ¿debate? de los candidatos a las Cortes Generales por la provincia de Teruel con una presentadora sin presencia que, en lugar de buscar el debate entre los participantes, buscaba la sobreprotección a Vicente Guillén, el candidato del PSOE que no hacía más que leer un guión, totalmente ajeno a los comentarios de los demás. Jugaba en casa y defendido por la organización. No necesitaba más. De vez en cuando era atacado por Santiago Lanzuela, quien, dado su currículo (profesor universitario, expresidente del Gobierno de Aragón, exconsejero de Economía y Hacienda) en todo atisbo de confrontación con otro de sus contertulios, le ganaba la partida con solvencia. Argumentando con empaque. Un político sólido que defendió perfectamente su posición: perpetuación del bipartidismo. Y, a poder ser, que gane Rajoy las elecciones. Pero, sobre todo, que ningún otro partido que no sea el PP y el PSOE llegué a las Cortes.
A Ana Cristina Pérez (IU) le permitían leer su discurso ya que su puesta en escena era más insulsa, todavía, que la de Guillén y su discurso carecía de fondo por lo que permitirle hablar no sólo no era peligroso, sino beneficioso para el PSOE y además, la televisión pública se daba un barniz de televisión plural y demócrata.
Más o menos, lo mismo que hicieron con Olga Hernández, la candidata de Chunta Aragonesista que, siguiendo con la línea de su partido de exaltar el baturrismo, enfatizaba en palabras como ‘poquico’ o ‘rasmia’ en lugar de en las propuestas fundamentales de campaña. La alcaldesa de Cañizar del Olivar, lo único que defendió desde una postura sólida fue su rechazo al trasvase.
Ambas reforzaron el bipartidismo. ¿O fue reforzado por la cadena?
María Herrero se mantuvo en su línea de defender apasionadamente su postura. Independientemente de la que sea. Es más, creo que en aquellos puntos en los que no tiene opinión formada, sería igual de efusiva. Pero tenía muy bien preparado el debate. Con las ideas claras y un guión bien desarollado. Y, sobre el papel, sólo un esquema. No un texto para leer como hacía PSOE e IU. Construyendo ‘aquí y ahora’, sobre una base, pero adaptando el guión al entorno y modificándolo según el desarrollo del debate. Además, fue la única que no hablaba de generalidades, como ‘políticas sociales’, sino de acciones concretas. Sólida y convicente al principio, víctima de varios ataques de Lanzuela, entró en el juego de éste y, si bien salieron ambos reforzados ya que fueron los únicos que debatieron -pese a las restricciones de la cadena-, le dejó lucirse mucho, demasiado, al candidato del PP, el verdadero ganador del debate de ayer.
Un debate tontorrón, en el que en lugar de dar soluciones a problemas reales o a afrontar de una manera clara asuntos como el precio de la vivienda, la consecución del pleno empleo, supresión de las ayudas al campo y al cine -eliminación de las subvenciones en general-, regulación del aborto y la eutanasia, normalización de la prostitución, afianzamiento de las relaciones con Francia, despenalización de sustancias, privatización de todos los medios de comunicación públicos…
Un debate de una cadena pública para exhibir al gobierno de turno. Paradojamente, reforzó a Lanzuela. Todo sea por la perpetuación del bipartidismo.