Malditos sean todos los asesinos
Ayer decía que ‘malditas sean las navajas‘. Hoy vuelven a atormentarme las palabras de Lorca:
Madre: (Entre dientes y buscándola) La navaja, la navaja… Malditas sean todas y el bribón que las inventó.
Novio: Vamos a otro asunto.
Madre: Y las escopetas, y las pistolas, y el cuchillo más pequeño, y hasta las azadas y los bieldos de la era.
Novio: Bueno.
Madre: Todo lo que puede cortar el cuerpo de un hombre. Un hombre hermoso, con su flor en la boca, que sale a las viñas o va a sus olivos propios, porque son de él, heredados…
Novio: (Bajando la cabeza) Calle usted.
Madre: … y ese hombre no vuelve. O si vuelve es para ponerle una palma encima o un plato de sal gorda para que no se hinche. No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni cómo yo dejo a la serpiente dentro del arcón.
Pero, sobre todo, malditos sean todos los asesinos.