Redoble cósmico en Calanda
Sunday, March 16th, 2008A las doce de la mañana la hora quedará rota y los tambores, fenómeno asombroso, arrollador, cósmico, que roza el inconsciente colectivo, hace temblar el suelo bajo nuestros pies. Basta poner la mano en la pared de una casa para sentirla vibrar. La naturaleza sigue el ritmo de los tambores que se prolonga durante toda la noche. Si alguien se duerme arrullado por el fragor de los redobles, se despierta sobresaltado cuando éstos se alejan abandonándolo. Al amanecer, la membrana de los tambores se mancha de sangre: las manos sangran de tanto redoblar. A la primera campanada de las dos de la tarde, todos los tambores enmudecen hasta el año siguiente. Pero, incluso después de volver a la vida cotidiana, algunos vecinos de Calanda aún hablan a tirones, siguiendo el ritmo de los tambores dormidos.
Luis Buñuel, Mi último suspiro
Ya no soy Hamlet. Ya no juego ningún papel. Mis palabras no tienen nada que decirme. Mis pensamientos chupan la sangre de las imágenes. Mi drama ya no tiene lugar. Detrás de mi se monta el decorado. Por gente a quien mi drama no interesa para gente a quien mi drama no le dice nada. A mí tampoco me interesa ya. Yo no juego más.