El sonido del aburrimiento
Cuando uno se enfrenta con el público, su principal barómetro consiste en los niveles de silencio. Si se escucha atentamente, se puede aprender todo sobre una interpretación por el grado de silencio que crea. Algunas veces cierta emoción traspasa al público y la calidad del silencio se transforma. Unos segundos más tarde, uno puede hallarse en un silencio absolutamente distinto y así sigue, pasando de un momento de gran intensidad a otro menos intenso en el que el silencio se debilita de forma inevitable. Alguien tose o se revuelve en su asiento, y a medida que el aburrimiento se apodera del público, se expresa claramente mediante pequeños ruidos, por el movimiento de una persona que cambia de postura haciendo que crujan los muelles de su asiento y las bisagras chirríen, o, lo que es peor, por el sonido de un programa de mano al abrirse.
Peter Brook, La puerta abierta