Rafaél Álvarez, el Brujo, ha interpretado esta semana en Zaragoza “Los misterios del Quijote o el ingenioso caballero de la palabra“, un monólogo sobre el Quijote, un reto que casi nadie afrontaría. En hora y media de espectáculo dando un repaso al texto de Cervantes, a las celebraciones, homenajes y centenarios y a otros asuntos de actualidad, como las subvenciones y del uso del arte por parte de los partidos… y del uso de los partidos por parte de algunos que se hacen llamar artistas -ríase usted del artista que necesita un partido político para desarrollar su obra-.
El Brujo, pese a la dificultad del proyecto, fascinó al público del Teatro Principal. Sobre un pequeño coso cuadrado con arena, sale el actor solo, de rojo y negro y, enfrentándose al imaginario morlaco, comienza a lanzar su monólogo. En siete minutos resume el Quijote, para contextualizar y explicarles la obra a esos cuatro o cinco espectadores que, según se rumoreaba, no habían leído el libro.
Cambia el ritmo, acelera, decelera, cambia el tono, mezcla de voces graves con falsetes, intercalando narración con interpretación, realidad y ficción, incluso se plantea la existencia de Miguel de Cervantes.
Sin lanza ni escudero, Rafaél Álvarez demuestra que ‘el ingenioso caballero de las tablas’ es él. El Brujo.